<< SINTONIA FINA, UN CAMBIO PROFUNDO >>

El modelo vigente sigue adaptándose y cambiando para seguir siendo el mismo que transformó al país en estos últimos 8 años. Ahora vamos por más, a profundizar institucionalmente el modelo. Y esto no es sólo una frase, son hechos.
Por Mariano Beristain – Tiempo Argentino.

Uno de los sellos distintivos del neoliberalismo es el supuesto carácter inexorable del curso de la realidad. Nada se puede modificar en la medida que no se sigan los dictados del mercado, reza la biblia conservadora. En Grecia y España, por ejemplo, ya anticiparon que la recesión cayó como un castigo maldito contra dos naciones que vivieron más allá de sus posibilidades y que la sequía económica y el proceso de depuración se extenderá “irremediablemente” hasta 2014. La realidad, según la visión de los artífices del Consenso de Washington, es inmodificable porque la solución ya no está en manos de los gobiernos. Esta visión totalitaria significa un jaque mate al concepto de democracia. ¿Para qué votar un gobierno si este no puede hacer nada para cambiar la realidad? Este es el debate que se pone en tela de juicio con la decisión oficial de modificar la Carta Orgánica que redactó el ministro de Economía, Domingo Cavallo en 1992.

El proyecto que se aprobó en la madrugada del jueves es un paso decisivo en el largo camino que falta andar para lograr una mayor independencia del Estado argentino frente al poder de los mercados, entendiendo como tales a los grandes capitales concentrados. La reforma del Ejecutivo permitirá al Banco Central fijar políticas para fomentar el desarrollo económico y también se erigirá en prestamista de última instancia del Estado. Sin embargo, lo más importante de la reforma es que sepulta la esencia de una entidad que durante años se dedicó exclusivamente a organizar, cuidar y alimentar el negocio de los bancos y que hoy recupera el criterio de soberanía financiera.

La modificación sustantiva de la Carta Orgánica tiene una trascendencia y un efecto similar al que se obtuvo con la reestatización de los fondos jubilatorios. Acaba con el concepto de un Banco Central que actuaba como representante fiel de los intereses del sector financiero en el Estado nacional y lo pone al servicio de un proyecto de país. En la misma sintonía de la reforma de la Carta Orgánica se puede englobar la recuperación de la política de comercio que comenzó el gobierno desde que se creó la Secretaría de Comercio Exterior: apunta a recuperar la gobernabilidad de un negocio millonario que no puede quedar a merced de un puñado de empresas porque en definitiva tanto las exportaciones como las importaciones conjugan el trabajo y el esfuerzo de millones de argentinos. Las “trabas” a las importaciones que tanto cuestionan los mismos sectores que se horrorizaron con la modificación de la Carta Orgánica son una herramienta clave que tiene cualquier país independiente interesado en defender el mercado interno y la fuerza laboral.
La Unión Europea, a través de sutiles normas fitosanitarias, o los Estados Unidos, mediante agresivas decisiones políticas que castigan a los países que no aceptan sus normas de derechos de propiedad, también restringen el acceso de otros países a sus mercados.

La ingenuidad en materia de política económica es la peor de las sandeces y la Argentina no se puede dar ese lujo, menos aún en un marco universal de crisis del capitalismo, excepto que aquellos que promueven este tipo de infantilismos tengan como único y velado propósito generar un daño irreparable al modelo económico.

 
A juzgar por los primeros resultados “las trabas” del secretario Guillermo Moreno están rindiendo sus frutos. Aunque algunos medios lo quisieron invisibilizar, en febrero las importaciones cayeron mientras que las exportaciones crecieron el 13%, lo que permitió que el excedente comercial se ubicara por encima de los U$S 1340 millones y trepara un 121 por ciento. De esta manera, los expertos creen que de continuar este ritmo a fin de año el superávit alcanzará la previsión de U$S 8579 millones del Presupuesto 2012 e incluso podría orillar los U$S 10 mil millones que se propuso el gobierno en segunda instancia. Todo en un contexto  externo particularmente complicado, en el que la Argentina necesita dólares imperiosamente para no descapitalizarse.

En el mismo sentido puede comprenderse la obsesión de la dupla Guillermo Moreno-Débora Giorgi por forzar a las empresas a reinvertir sus ganancias en el país o sustituir importaciones por producción nacional. Este año las automotrices que tiene sus pies puestos en la Argentina se comprometieron a no girar las utilidades a las casas matrices, por lo menos durante seis meses. General Motors, PSA, Renault y Ford prometieron que no remitirán utilidades por US$ 645 millones en el período 2011-2012. Scania también se sumó y se comprometió a capitalizar utilidades acumuladas hasta 2010 por US$ 56,8 millones y a reinvertir las que generó entre 2011 y 2012. También se sumaron otras firmas como Claas, Volvo y Walmarts. Además, se firmaron 17 acuerdos de equilibrio de balanza comercial rubricados entre el Estado nacional y las empresas automotrices, que aportarán este año más de U$S 4200 millones a la balanza del sector automotriz. Sin embargo, esta estrategia no es fruto del azar sino de un cambio en la concepción del rol que debe jugar el Estado en su relación con el resto de los actores económicos.

El gobierno nacional, hace más de un año viene desplegando una estrategia tendiente a convencer a las empresas de que para quedarse en la Argentina tienen que fabricar en el país y ocupar empleo local. El caso de la maquinaria agrícola es un ejemplo claro de esta política, que es un despliegue de seducción y coacción. Las tres multinacionales Agco, John Deere y Case New Holland, radicadas en Brasil, debieron invertir en la Argentina para continuar operando en el mercado local. De hecho, en 2011 no pudieron ingresar máquinas hasta que no presentaron un plan de desembolsos en el país. Entonces, estas empresas  anunciaron proyectos de inversión por U$S 430 millones que se reparten entre la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

El gobierno también presionó a las compañías para que sustituyeran importaciones y logró que la francesa Faurecia comenzara a producir en el país paragolpes de última generación y que Lacoste inaugurara la tercera planta industrial fuera de su país. Después hubo una docena de empresas que siguieron caminos parecidos; la sueca Electrolux, las alemanas Mercedes Benz y Evonik Degussa, entre otras. Tampoco hay que olvidar la determinación que tomó el Banco Central de aumentar la exigencia de capital mínimo a aquellas entidades que pretendan distribuir dividendos con el objetivo confeso de frenar la remisión de utilidades de los bancos que tienen su casa matriz en el exterior. La medida apunta a reducir la salida de capitales por parte de un sector que viene exhibiendo en los últimos años ganancias récord, que para el conjunto del sistema alcanzan los $ 7000 millones adicionales, que quedarán en el país. Estas medidas reflejan un cambio profundo, lento es cierto, paulatino, pero, desde algún punto de vista, fundamental. La Argentina se había transformado en un coto de caza sin reglas de los grandes grupos multinacionales. El proceso de recuperación de la soberanía, en cualquiera de los campos, genera y va a seguir generando profundas resistencias por parte del establishment, que se agudizarán en la medida que se avance en la recuperación de los espacios que aún están en manos de los verdaderos dueños del poder. No obstante, las señales y los resultados muestran que la sintonía fina refleja en realidad la raíz de un profundo cambio en las relaciones del poder en la Argentina y de que la realidad puede cambiar.

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Acerca de Alejandro Quijano

La única lucha que se pierde es la que se abandona.

Publicado el 24 de marzo de 2012 en Notas relevantes en Diarios. Añade a favoritos el enlace permanente. Comentarios desactivados en << SINTONIA FINA, UN CAMBIO PROFUNDO >>.

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