Archivos Mensuales: febrero 2014

CARTA ABIERTA /15 – LA PATRIA EN PELIGRO

— CARTA ABIERTA / 15 —

La patria en peligro

No es a menudo que surge esta idea de fuerte raigambre en todas las épocas, recordable en las grandes jornadas libertarias del siglo XIX en Latinoamérica y Europa, que es parte de un llamado urgente y a la vez de una inevitable vocación de activismo. Un puñado de grandes empresas (Cargill, Noble Argentina, Bunge Argentina, Dreyfus, Molinos Río de la Plata, Vicentin, Aceitera General Deheza, Nidera y Toepfer) exportan más del 90% del grano, aceite y harina de soja argentinos, histórica base de la riqueza y la producción del país, han organizado un cepo financiero sobre el gobierno, obligándolo a tomar medidas difíciles y comprometedoras del futuro del país, como la devaluación, más allá de que, en el momento de jaque final, el propio gobierno haya dejado correr esa presión asfixiante del mercado exportador para poder retomar la iniciativa a partir de una devaluación no deseada. Es grave. No es un simple episodio más de la historia económica nacional. Las grandes organizaciones agropecuarias tienen todas fuertes vínculos internacionales, financieros, comunicacionales y siempre están dotadas para producir el espejismo de que sus intereses coinciden con los de una gran parte de las desconcertadas clases medias argentinas.

Lo cierto es que han conseguido forzar e imponer una depreciación del peso no querida por el gobierno ni conveniente para las mayorías populares, y tienen la estrategia de profundizarla a niveles sustancialmente mayores. Hay que reconocerlo y, en un momento particularmente dramático, reponer nuestras fuerzas y dignidad para la lucha, pues esto exigirá grandes esfuerzos para que la devaluación no recaiga en los amplios estratos de las clases populares, históricamente las más perjudicadas con este tipo de medidas. La defensa de los “precios cuidados” es en ese sentido una tarea primordial. Suele verse exageración o grandilocuencia cuando se denuncia que esta situación incita a la desestabilización política, pero lo cierto es que aunque esto pueda no estar en la táctica inmediata de los grandes grupos amparados en las nuevas tecnologías de la globalización, en una sociedad castigada y temerosa, el resultado de sus acciones puede ser imprevisible. Estos sectores provienen de los primeros tiempos de la organización nacional argentina, momentos en que se configuraron como una oligarquía dócil a la división internacional del trabajo, aunque en su seno no dejó de haber impulsos proteccionistas y una apuesta a ciertos modos de intervencionismo estatal en el mercado de granos y carnes, justamente en la época del conservadorismo previa a la irrupción del peronismo y en el contexto de la gran crisis.

Viejos y nuevos grupos, siempre pocos, ahora de mayor espesor y concentración de su economía y específica relación con las políticas vinculadas a las potencias mundiales de esta etapa histórica de la modernidad, asedian al gobierno popular encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que tomó medidas de gran significación para democratizar la sociedad avanzando en la inclusión, la ampliación de derechos y la redistribución de la renta nacional a favor de las mayorías nacionales, tanto de las clases medias como de los sectores más carenciados. Ese asedio es posible porque están pendientes de cerrar los amplios márgenes de maniobra que aún conservan estos grupos monopólicos. Ahora, con nuevas tecnologías de siembra y amparados en grandes fábricas de semillas transgénicas –cuyo uso y regulación debe ser parte de un amplio debate– han reorganizado socialmente el campo de la producción agropecuaria, con trazados tan novedosos que los viejos productores y arrendatarios (de antiguo cuño genuinamente productivo) han decidido asociarse a los horizontes construidos con la expansión de la frontera productiva de la soja, cambiando el perfil de las relaciones económicas y de clases sociales. El modo de propiedad, que para muchos significó hace un siglo protestar contra los latifundios, hoy se expresa en una privatización facciosa de la renta agraria, basada en la hipótesis magna del rechazo ciego a las necesarias intervenciones estatales, como poder público democrático representante de la nación y su equilibrio de intereses a favor de la población más desfavorecida e históricamente castigada por ajustes y teorías sobre las restricciones salariales, como variables compensatorias que tributan al imperio del capitalismo globalizado. Estos actores, concentrados fundamentalmente en la pampa húmeda, se apropiaron de manera excluyente de la denominación “campo”, mientras la mayoría de los campesinos del país situados en otras regiones resisten, porque los amenaza y perjudica, el modelo agrario que aquellos instalaron y cuya intensificación predican.

Es necesario recrear la imaginación histórica de una cadena de acontecimientos que tienen que contar nuevamente con gran apoyo popular. Quienes se sintieron alguna vez llamados por un conjunto de decisiones gubernamentales, cuyos grados de imperfección o de error están y deben estar en discusión, pero que tuvieron clara vocación de autonomía y soberanía nacional y social, y asimismo de justicia emancipatoria en todos los ámbitos de la vida económica, pública y cotidiana, deben nuevamente realizar un examen de su vocación política. Nos esperanza que el resultado de ese examen, hecho por hombres y mujeres que apoyan al gobierno, o que lo apoyaron y se sienten desencantados, o que se guían por trazados políticos que pueden ser secundarios si las cuestiones en juego son mayores (por eso, socialistas, autonomistas, liberales, nacionalistas, radicales, peronistas, izquierdistas, republicanos, son destinatarios de esta interpelación), los haga ser quienes piensen las grandes disyuntivas sociales, sin la neblinosa cortina de cenizas que imparten los magnos catecismos de la piqueta del demoledor o la pala del enterrador. Una gran restauración del viejo país oligárquico está pronta a mostrar sus dientes de hierro, lo que serían sus herramientas de ajuste, que pretenden que, en una transición aleccionadora se empleen como prólogo, por un gobierno que supo tener consecuencia en políticas opuestas a esa lógica antipopular. Vienen con su populismo de turno, sus escribidores de estación, sus periodistas de cosecha unánime, aunque quizás sin sus Juntas Reguladoras del comercio exterior, como sus antepasados, sin embargo, supieron constituir.

Un nuevo estilo movilizatorio, una confluencia de fuerzas grupales e individuales, nuevas ideas para la defensa de lo valioso que significa esta experiencia, que no es una falsía aunque pueda estar rodeada de grandes descuidos, es lo que se reclama. Este proceso transformador, conducido por Néstor y Cristina Kirchner, ha sido una recreación de las militancias y el fervor público nacional, ancladas en una larga memoria popular que no tiene propietarios, con ritualismos tal vez que, no por repetitivos, dejaron de acompañar los procesos populares. El proyecto que se ensayó esta vez, amplio, democrático y plural posee una necesaria juventud que ningún momento histórico debe rechazar, aunque sí emplazar dentro de vastas alianzas sociales, hoy mermadas. Ahora debemos sentirnos a las puertas de una nueva movilización, preparada con responsabilidad y pasos precisos que ramifiquen el llamado. Los temas cruciales que laten en las bocas y corazones podrán convertirse en nuevos cánticos, deberán tornarse motivo de interés masivo por medidas y cambios institucionales trascendentes y necesarios desde hace tiempo, para avanzar en mecanismos que establezcan el manejo estatal del comercio exterior. Nuestro país ha visto cíclicamente amenazados, boicoteados y truncados proyectos de desarrollo nacional autónomo por la restricción externa, es decir, por la insuficiencia de divisas. Estas son el recurso clave para la continuidad y profundización de dinámicas progresivas. Por lo tanto resulta indispensable sustraer la disposición sobre las mismas del chantaje monopólico y garantizar su control gubernamental. Será necesario avanzar en la creación de las instituciones que lo hagan posible, lo que implicará una disputa de intereses que no ahorrará conflictos, razón por la que se impone generar un movimiento de opinión y la movilización social (como ocurrió con la Ley de Medios Audiovisuales) que acompañe la consecución de ese objetivo auténticamente democrático. La soberanía en la disposición de las divisas requerirá avanzar en otras áreas para reforzar o establecer el control estatal y social (por ejemplo, a los puertos privados), mayores regulaciones al capital especulativo y al sistema financiero, especialmente a la banca de propiedad extranjera, entre tantas. Estos objetivos no pueden ser otra cosa que las banderas de un patriotismo constitucional y social, que vea las acechanzas y dificultades y no se atemorice cuando deba salir al espacio público para señalarlas y conjurarlas.

En este momento de agudo peligro para las esperanzas y el futuro de millones de compatriotas, sentimos la necesidad de este llamado que recoge los ecos de muchas de las luchas encarnadas por variadas tradiciones políticas del país. Escuchemos todos, escuchémonos a tiempo.

ESPACIO CARTA ABIERTA

carta abierta

Refutando los argumentos de la corpo

Porque ahora hay inflación y en la época de Néstor no?.

En primer lugar hay que recordar las condiciones en las que se encontraba el país en aquel momento. Un ejercicio que cada vez más argentinos dejan de hacer y se permiten caer en la queja permanente de la mala onda constante.

En aquellos tiempos el país estaba socialmente desbastado, con millones de argentinos en la indigencia, millones en la pobreza y lo peor de todo, un 25% de la población estaba sin trabajo, sin perspectivas de ningún tipo. Esa fue la cuesta que Néstor debió repechar, empezando por recuperar las instituciones que habían sido vaciadas de contenido y cuyo rol había sido utilizado en perjuicio del pueblo, empezando por recuperar la institución presidencial que se había fugado en helicóptero o que se sucedían por día al frente de la Casa Rosada. Y lo hizo poniendo en marcha un modelo de crecimiento con distribución que posibilitara rescatar del oprobio a inmensas franjas de la sociedad que lo habían perdido todo.

Al contrario de lo que había sido la devastación neoliberal, que enriqueció aún más a los ricos y empobreció más a los pobres, no llegando nunca a producirse el derrame engañoso que nunca se ha comprobado en ninguna experiencia del mundo, Néstor empezó por abajo, intentando subsanar lo urgente, es decir, la pobreza extrema y la falta de trabajo. En esa lucha se sabía estaba la recuperación de la dignidad de una sociedad que había sido mansa espectadora del espectáculo farandulesco de los 90 en los que se llevaron todo, vendieron el Estado, sus empresas y fundieron al país vaciando de futuro al pueblo.

La puesta en marcha de esas políticas dio frutos a una gran velocidad. La decisión de renegociar la deuda con la quita más extraordinaria al default más grande de la economía mundial, nos posibilitó quitarnos de encima el monitoreo externo del FMI a quien, además, se le canceló toda la deuda para evitar intromisiones y recuperar nuestra soberanía económica y autonomía política. La economía dejó de estar abierta a la invasión de productos del exterior, que había ocasionado el cierre de 150.000 fábricas y así, se empezaron a reabrir fábricas nuevamente, empezó a solucionarse la falta de trabajo, se puso en marcha una política de subsidios que aumentó la capacidad de consumo y se distribuyeron planes a quienes no tenían nada, ni comida ni trabajo.

Todo ese andamiaje más el bendito aumento del gasto público en obras de infraestructura dinamizó el mercado laboral, más los incentivos económicos y los planes de cobertura social es lo que posibilitó la secuencia más larga e importante de años consecutivos de crecimiento de la historia, a un promedio de casi el 8% anual. La gran diferencia con los años 90 es que este crecimiento en lugar de empinar la pirámide social la ensanchó, agrandó la base social incorporando grandes sectores de la población al consumo y esto produjo una gran demanda que posibilitó que muchas fábricas alcancen niveles de producción cercanos al máximo de la capacidad instalada.

De esa forma se ingresó en una etapa de franco crecimiento con inclusión, con mucha generación de puestos de trabajo, en las que los empresarios veían como les aumentaba la demanda y, a su vez, las ganancias. El problema es que en esa ecuación positiva, producto de la inmensa gimnasia especulativa y la experiencia en descalabros económicos de la historia, a este crecimiento y mejora de la competitividad de la economía, con aumentos importantes también de nuestras exportaciones, no se le correspondió la creación de una burguesía nacional de empresarios capaz de volcar en al país las inversiones necesarias para aumentar nuestra producción de bienes con incorporación de cada vez más valor agregado.

Entonces, se empezaron a dar una serie de hechos simultáneos que podemos sintetizar como sigue: A la vez que se recuperaba el país, se incorporaban cada vez más trabajadores, se reconocían nuevos derechos y se desendeudaba, se iniciaban las primeras maniobras de fuga de divisas. Esto es ganancias extraídas de los salarios argentinos que iban a engrosar cuentas en bancos extranjeros, es decir, que no se volcaban en inversiones en nuestro país a excepción de los fondos que jugadores grandes utilizaban para absorber a competidores más chicos, que a su vez, en gran parte fugaba los fondos adquiridos. Por favor, léete este ejemplo y vas a ver la relevancia con la situación actual:

A principios de 1900, los hermanos Silvio y Luis Benvenuto llegaron a la Argentina y comenzaron con la comercialización de productos importados desde Italia, para luego incorporar la exportación de productos alimenticios desde Argentina hacia Europa. Dicha actividad devino en la fundación de La Campagnola, empresa especializada en la comercialización de conservas de pescado, tomate y frutas.

Benvenuto era dueña de las marcas La Campagnola, BC (mermelada de bajas calorías), Nereida (sardinas) y Poncho Negro (dulce de leche). La empresa fue fundada en 1912 y en 2005 facturaba unos 50 millones de dólares anuales.

Arcor es la mayor fabricante de golosinas de América latina y ha ido creciendo en otros rubros alimenticios. A fines de 2005 firmó un acuerdo de asociación comercial con la panificadora Bimbo que contemplaba la construcción de una planta fabril en México y la distribución de los Bon-o-Bon en ese país. Además, Arcor asumirá la logística de la empresa en la Argentina. Por su parte, Benvenuto –dueña de la marca La Campagnola– era la principal elaboradora y comercializadora de conservas de pescado en el país. Pero no sólo eso, también era competidora de Arcor en el mercado de las mermeladas y dulces.

Al precio de un año de facturación, es decir 50 millones de dólares, Arcor adquirió Benvenuto SAIC, es decir, absorbió a su competidor en el rubro mermeladas y concentró la comercialización de las conservas de pescado. De allí que la fusión en aquel momento implicó lo que hoy se nota tanto como es la concentración que representa un riesgo para los consumidores.

A su vez, en aquellos años se concretaron operaciones que tuvieron consecuencias negativas para el público. Por ejemplo, la fusión de Bimbo y Fargo, derivó en un aumento del precio del pan lactal del 20,5 por ciento en el año. La nueva compañía domina el 79 por ciento de ese mercado. Otra operación contraproducente para el objetivo de fomentar la competencia fue la compra de Quilmes por Brahma, mientras que en el sector de los supermercados se fusionaron Carrefour-Norte y Tía.

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Seguimos. También en el sector agropecuario se daba un proceso de recuperación impresionante. En el año 2003 las exportaciones del complejo agroindustrial cuyos  jugadores están nucleados en el Centro de Exportadores de Cereales  (CEC) y la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA) alcanzó los 9.450 millones de dólares.

En el año 2012, esa cifra de exportaciones tuvo un meteórico crecimiento y alcanzó los  29.800 millones. O sea, en 10 años aumentaron 3 veces los valores de las exportaciones con el consiguiente aumento del  manejo en el ingreso de divisas, focalizado en manos de las 10 empresas cerealeras que concentran las exportaciones del rubro.

Con estos “muchachos” empleados de multinacionales casi todos ellos, estuvo reunido el gobierno hace unos días y volverán a reunirse esta semana ya que al parecer, están un poquito reticentes a liquidar todo lo que están reteniendo de la cosecha anterior en los silo-bolsas con la consiguiente presión sobre el tipo de cambio y las reservas del Banco Central.

Todo esto iba sucediendo sin mayores remarcaciones de precios, mucho menos   generalizada. Quienes hoy tienen la capacidad de fijar precios e incidir directamente en el poder adquisitivo del salario estaban, precisamente, forjando y consolidando esa posición dominante que los años de crecimiento les posibilitó ya que una de las prioridades del gobierno fue la de potenciar el consumo como estrategia de distribución del ingreso con inclusión, lo que constituyó el éxito de sus políticas.

Esta configuración de esquema concentrado en producción de bienes primarios y manufacturados que se había iniciado en los 90 y que continuó en esta década, es lo que hoy tiene en pocas manos la fijación de los precios en casi todas las cadenas de valor de  los productos que consumimos los argentinos, sobre todo los de la canasta básica.

Esta concentración estructural de productores y exportadores es la que hoy tiene en vilo a la sociedad con los aumentos injustificados de precios porque tienen el poder de decidir los niveles de renta de los que se apropian con el simple hecho de la remarcación en lugar de aumentar sus producciones y mantener rentabilidad por volumen y no por precio, negando así la creación de nuevos puestos de trabajo. De la resolución de esta puja distributiva resultará el nivel de crecimiento de este año, el aumento o freno del proceso inflacionario y la recuperación de las reservas, que son el ahorro de todos los argentinos.

Es por todo esto que cobra enorme sentido la convocatoria presidencial a involucrarnos en defensa de nuestro bolsillo cuidando las compras que efectuamos de manera de no convalidar aumentos injustificados. Y en esto nos va el presente pero dejará sentadas las bases para un futuro que debemos lograr sea promisorio, y no el caos económico al que nos quieren llevar los enemigos de la democracia y del pueblo.

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LA REELECCIÓN DE CRISTINA

La ofensiva de los sectores de poder continúa implacable, pero la soledad de quienes acometen contra el gobierno popular empieza a mostrar signos de derrota, otra más. Los que permanentemente dicen que está todo mal y hacen análisis políticos en los que en realidad expresan sus deseos se están poniendo nerviosos. Muy nerviosos.

Hacer el ejercicio militante de leer los editoriales de la prensa hegemónica da la pauta del mencionado nerviosismo. Leer a Morales Solá ayer y hoy Lunes es indicativo: el odio que transmite es inequívoco, sólo le falta el insulto personal a la Presidenta. Luego, le dice de todo tanto a ella como al gobierno. En la nota de hoy, todo su relato está basado en supuestas infidencias de interlocutores que nunca identifica. O sea, los inventa. Nadie en su sano juicio puede creer que moralito tiene acceso a la cantidad de funcionarios que invoca y mucho menos para que le digan lo que escribe pero que yo creo, repito, inventa.

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No lograron la maxi devaluación que hoy mismo se lee como si fuera inevitable. Y no lo van a lograr. Escribo esto previo a la reunión del Jefe de Gabinete con las cerealeras a quienes sin duda les va a arrancar una cifra de liquidación de cereales que le de un respiro a las reservas. No creo que estos muchachos se atrevan a provocar a la Presidenta, salvo que vayan hoy a la Rosada dispuestos a quemar las naves y empezar a jugar con fuego.

La disputa de poder sigue siendo la misma que desde aquel viejo editorial de Escribano en La Nación cuando antes de asumir ya le imponía un pliego de condiciones a Néstor porque, decía, la Argentina se dió gobierno por 1 año. Y ya van 10. Y eso les duele muchísimo, más aún cuando cada día se convencen más que la única posibilidad de recuperar las riendas del país va de la mano de su capacidad de desencadenar un CAOS que apure los tiempos constitucionales y se adelante una elección que implique un descalabro económico que saque a Cristina en helicóptero. Esa es la imagen con la que sueñan todos estos sectores que están jugando a pleno en la desestabilización.

Claramente, digamos quienes son: La Mesa de Enlace, las cuatro organizaciones que la conforman y la mayoría de los dirigentes que la integran, Los empresarios ligados a la producción de bienes exportables, Quienes tienen dólares fugados al exterior, Quienes no pueden remesar sus ganancias a las casas matrices de las multinacionales para las que trabajan, Quienes quisieran exportar todo lo que producen sin tener en cuenta las necesidades de consumo interno de los argentinos, Quienes pretenden una licuación de salarios porque les resulta intolerable el valor en dólares de los salarios que se pagan hoy en la Argentina y por último pero no menos importante, la corporación mediática, que en algunos casos es socia de los anteriores pero que claramente pretende voltear al gobierno que le disputa la construcción de sentido que pretenden imponer desde sus medios.

Tan es así que en ese campo se da gran parte de la disputa actual. Ellos intentan imponer al conjunto social, su propio sistema de significados a través del cual debe interpretarse la realidad: construir el “sentido común” a partir de sus propios intereses; hacer que sus propios intereses sean aceptados, naturalizados e identificados por el conjunto –esto es, por los propios perjudicados– como sinónimo del “interés general”. Cuando se pierde en esa disputa es cuando nos sorprendemos si en una recorrida con la militancia por el territorio, nos encontramos en José León Suárez en un barrio carenciado con una señora nos dice que el problema de la argentina es “el cepo” porque no se pueden comprar dólares. ¿Usted ha comprado dólares alguna vez señora? No nunca, ni los conozco! Y entonces, ¿porqué lo considera un problema? (no necesito explicar que la conversación allí terminó).

Y otra vez volvemos al fetiche del dólar que es con lo que empujan la maniobra desestabilizadora. Forzar la pérdida de reservas cancelando el ingreso de divisas es la extorsión plastificada que desencadenó la devaluación forzada que ahora pretenden trasladar a los precios.

Y allí volvemos a la construcción de sentido, a la disputa de los significados porque la lucha contra la inflación es el otro ámbito en el que se expresa y se libra esta inmensa batalla que el gobierno da en soledad porque la oposición ha renunciado a la disputa de poder, la oposición abandonó el terreno de la confrontación de proyectos políticos para ponerse al servicio de la agenda fijada POR los grupos de poder.

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La inflación es justamente una de las cuestiones sobre las que la “hegemonía cultural” del poder ha trabajado más estructuralmente, de modo de arraigar sus causas entre las creencias más profundas de una parte muy importante de nuestra sociedad, con prescindencia de su situación socioeconómica. Las razones de la inflación son básicamente el excesivo gasto público, la emisión monetaria y los altos niveles de consumo, -repiten a coro todos los economistas del neoliberalismo que transitan los sillones de todos los programejos de TN y equivalentes-. Lo mismo repiten los políticos opositores y sus “equipos de asesores económicos”.  El poder ha convertido estas creencias en “sentido común” a partir de sus propios intereses, de modo de neutralizar la capacidad de explicitación de las VERDADERAS CAUSAS que determinan el proceso inflacionario. Lo que queda claro es que NINGUNA DE LAS MENCIONADAS genera inflación sino la impresionante gimnasia especuladora de infinidad de empresarios de distinto tipo y tamaño que utilizan el índice APD (aumento por las dudas) y los que aumentan porque en realidad lo que buscan es apropiarse de mayores niveles de renta, disminuyendo la capacidad de compra del salario.

Cuando vemos a los funcionarios del Gobierno (que no son empleados de corporaciones atendiendo sus pedidos) que corren de reunión en reunión con los empresarios de la construcción, con los laboratorios de medicamentos, con la cadena de productores y supermercados que venden productos de comsumo masivo, con los proveedores de insumos agropecuarios, con los productores de bienes de uso difundido, como se le dice a los productores de hierro, chapa, acero, con los empresarios de la carne, con los de electrodomésticos y a todos ellos se les pide que retrotraigan sus precios al 21 de enero o que den marcha atrás en los aumentos, no se habla de emisión monetaria o gasto público sino de PRECIOS. Y se habla con ellos porque son quienes tienen EL PODER de cambiarlos. Si la inflación fuera “culpa” del gobierno como se cansan de decir, sería fácil “decretar” una baja de precios pero la realidad indica que ese es un resorte de los empresarios que en distintos niveles de concentración, son quienes determinan los precios. EL gobierno no remarca, pero es el único que CUIDA tu salario. Y por ahí pasa la puja actual.

Esta lucha contra esos poderes hegemónicos entonces es doble, se dirime en el campo de las “creencias” tanto como en la puja distributiva. Si renunciamos a esa pelea, la hegemonía pasa a la supremacía. La supremacía no es sólo dominio, es además dirección intelectual y moral. Es la tan mentada “batalla cultural” en la que los sectores de poder cuentan con sus voceros, los “intelectuales orgánicos”, los “persuasores”, que en el caso de la Argentina de nuestros días son los Pagni, los Morales Solá, y también los consultores y economistas ortodoxos que desfilan por los medios del sistema de poder. A ellos nunca se les escapa la identificación de quienes tienen esa capacidad de modificar precios, porque la culpa siempre la tiene el gobierno. Nunca señalan a las empresas o empresarios que juegan con tu salario porque son los anunciantes de los medios que funcionan en defensa de sus intereses.

En el marco de todo lo dicho se ha dado la corrida cambiaria y la constante tensión del dólar. La Presidenta, como siempre, lo explicó con claridad, habló de una Argentina sometida históricamente por los sectores dominantes, con algunos interregnos de gobiernos populares que en general fueron interrumpidos, en algunos casos por golpes militares y en otros por golpes económicos. Esta última década es más que un interregno, porque se está intentando cambiar la hegemonía. En esa tarea, debemos involucrarnos todos y aportar nuestro granito de arena. Sacar algo de tiempo para participar en la lucha inflacionaria controlando precios. Es una acción EN DEFENSA PROPIA. Pero hace a la preservación de tu salario, de tu nivel de vi da y del futuro bienestar de tus hijos.

En la última nota del año pasado, humildemente, desde este blog propusimos lo que ayer el Jefe de Gabinete dijo que ya se estaba implementando, como es la información on-line desde el momento en que cada cliente efectúa la compra de manera de cotejar los precios facturados con los acordados. Yo había propuesto que todos los integrantes de la cadena facturen on-line y de esa forma se podía ver quien abusaba. Al haber “precios acordados” por los integrantes de la cadena, el control equivalente alcanza con  “cuidar” el valor de venta al usuario final.

Todo esto propiciará la REELECCIÓN DE CRISTINA. Despojada de ambiciones personales, la reelección de la Presidenta pasa por el hecho de que no se interrumpa el actual proceso y que el modelo nacional e inclusivo pueda ser continuado por el futuro presidente que surja a propuesta del FRENTE PARA LA VICTORIA. Porque Cristina es eso, la garantía de futuro expresada en el liderazgo excluyente que guiará la gestión del candidato del FRENTE PARA LA VICTORIA.

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