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LA REELECCIÓN DE CRISTINA

La ofensiva de los sectores de poder continúa implacable, pero la soledad de quienes acometen contra el gobierno popular empieza a mostrar signos de derrota, otra más. Los que permanentemente dicen que está todo mal y hacen análisis políticos en los que en realidad expresan sus deseos se están poniendo nerviosos. Muy nerviosos.

Hacer el ejercicio militante de leer los editoriales de la prensa hegemónica da la pauta del mencionado nerviosismo. Leer a Morales Solá ayer y hoy Lunes es indicativo: el odio que transmite es inequívoco, sólo le falta el insulto personal a la Presidenta. Luego, le dice de todo tanto a ella como al gobierno. En la nota de hoy, todo su relato está basado en supuestas infidencias de interlocutores que nunca identifica. O sea, los inventa. Nadie en su sano juicio puede creer que moralito tiene acceso a la cantidad de funcionarios que invoca y mucho menos para que le digan lo que escribe pero que yo creo, repito, inventa.

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No lograron la maxi devaluación que hoy mismo se lee como si fuera inevitable. Y no lo van a lograr. Escribo esto previo a la reunión del Jefe de Gabinete con las cerealeras a quienes sin duda les va a arrancar una cifra de liquidación de cereales que le de un respiro a las reservas. No creo que estos muchachos se atrevan a provocar a la Presidenta, salvo que vayan hoy a la Rosada dispuestos a quemar las naves y empezar a jugar con fuego.

La disputa de poder sigue siendo la misma que desde aquel viejo editorial de Escribano en La Nación cuando antes de asumir ya le imponía un pliego de condiciones a Néstor porque, decía, la Argentina se dió gobierno por 1 año. Y ya van 10. Y eso les duele muchísimo, más aún cuando cada día se convencen más que la única posibilidad de recuperar las riendas del país va de la mano de su capacidad de desencadenar un CAOS que apure los tiempos constitucionales y se adelante una elección que implique un descalabro económico que saque a Cristina en helicóptero. Esa es la imagen con la que sueñan todos estos sectores que están jugando a pleno en la desestabilización.

Claramente, digamos quienes son: La Mesa de Enlace, las cuatro organizaciones que la conforman y la mayoría de los dirigentes que la integran, Los empresarios ligados a la producción de bienes exportables, Quienes tienen dólares fugados al exterior, Quienes no pueden remesar sus ganancias a las casas matrices de las multinacionales para las que trabajan, Quienes quisieran exportar todo lo que producen sin tener en cuenta las necesidades de consumo interno de los argentinos, Quienes pretenden una licuación de salarios porque les resulta intolerable el valor en dólares de los salarios que se pagan hoy en la Argentina y por último pero no menos importante, la corporación mediática, que en algunos casos es socia de los anteriores pero que claramente pretende voltear al gobierno que le disputa la construcción de sentido que pretenden imponer desde sus medios.

Tan es así que en ese campo se da gran parte de la disputa actual. Ellos intentan imponer al conjunto social, su propio sistema de significados a través del cual debe interpretarse la realidad: construir el “sentido común” a partir de sus propios intereses; hacer que sus propios intereses sean aceptados, naturalizados e identificados por el conjunto –esto es, por los propios perjudicados– como sinónimo del “interés general”. Cuando se pierde en esa disputa es cuando nos sorprendemos si en una recorrida con la militancia por el territorio, nos encontramos en José León Suárez en un barrio carenciado con una señora nos dice que el problema de la argentina es “el cepo” porque no se pueden comprar dólares. ¿Usted ha comprado dólares alguna vez señora? No nunca, ni los conozco! Y entonces, ¿porqué lo considera un problema? (no necesito explicar que la conversación allí terminó).

Y otra vez volvemos al fetiche del dólar que es con lo que empujan la maniobra desestabilizadora. Forzar la pérdida de reservas cancelando el ingreso de divisas es la extorsión plastificada que desencadenó la devaluación forzada que ahora pretenden trasladar a los precios.

Y allí volvemos a la construcción de sentido, a la disputa de los significados porque la lucha contra la inflación es el otro ámbito en el que se expresa y se libra esta inmensa batalla que el gobierno da en soledad porque la oposición ha renunciado a la disputa de poder, la oposición abandonó el terreno de la confrontación de proyectos políticos para ponerse al servicio de la agenda fijada POR los grupos de poder.

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La inflación es justamente una de las cuestiones sobre las que la “hegemonía cultural” del poder ha trabajado más estructuralmente, de modo de arraigar sus causas entre las creencias más profundas de una parte muy importante de nuestra sociedad, con prescindencia de su situación socioeconómica. Las razones de la inflación son básicamente el excesivo gasto público, la emisión monetaria y los altos niveles de consumo, -repiten a coro todos los economistas del neoliberalismo que transitan los sillones de todos los programejos de TN y equivalentes-. Lo mismo repiten los políticos opositores y sus “equipos de asesores económicos”.  El poder ha convertido estas creencias en “sentido común” a partir de sus propios intereses, de modo de neutralizar la capacidad de explicitación de las VERDADERAS CAUSAS que determinan el proceso inflacionario. Lo que queda claro es que NINGUNA DE LAS MENCIONADAS genera inflación sino la impresionante gimnasia especuladora de infinidad de empresarios de distinto tipo y tamaño que utilizan el índice APD (aumento por las dudas) y los que aumentan porque en realidad lo que buscan es apropiarse de mayores niveles de renta, disminuyendo la capacidad de compra del salario.

Cuando vemos a los funcionarios del Gobierno (que no son empleados de corporaciones atendiendo sus pedidos) que corren de reunión en reunión con los empresarios de la construcción, con los laboratorios de medicamentos, con la cadena de productores y supermercados que venden productos de comsumo masivo, con los proveedores de insumos agropecuarios, con los productores de bienes de uso difundido, como se le dice a los productores de hierro, chapa, acero, con los empresarios de la carne, con los de electrodomésticos y a todos ellos se les pide que retrotraigan sus precios al 21 de enero o que den marcha atrás en los aumentos, no se habla de emisión monetaria o gasto público sino de PRECIOS. Y se habla con ellos porque son quienes tienen EL PODER de cambiarlos. Si la inflación fuera “culpa” del gobierno como se cansan de decir, sería fácil “decretar” una baja de precios pero la realidad indica que ese es un resorte de los empresarios que en distintos niveles de concentración, son quienes determinan los precios. EL gobierno no remarca, pero es el único que CUIDA tu salario. Y por ahí pasa la puja actual.

Esta lucha contra esos poderes hegemónicos entonces es doble, se dirime en el campo de las “creencias” tanto como en la puja distributiva. Si renunciamos a esa pelea, la hegemonía pasa a la supremacía. La supremacía no es sólo dominio, es además dirección intelectual y moral. Es la tan mentada “batalla cultural” en la que los sectores de poder cuentan con sus voceros, los “intelectuales orgánicos”, los “persuasores”, que en el caso de la Argentina de nuestros días son los Pagni, los Morales Solá, y también los consultores y economistas ortodoxos que desfilan por los medios del sistema de poder. A ellos nunca se les escapa la identificación de quienes tienen esa capacidad de modificar precios, porque la culpa siempre la tiene el gobierno. Nunca señalan a las empresas o empresarios que juegan con tu salario porque son los anunciantes de los medios que funcionan en defensa de sus intereses.

En el marco de todo lo dicho se ha dado la corrida cambiaria y la constante tensión del dólar. La Presidenta, como siempre, lo explicó con claridad, habló de una Argentina sometida históricamente por los sectores dominantes, con algunos interregnos de gobiernos populares que en general fueron interrumpidos, en algunos casos por golpes militares y en otros por golpes económicos. Esta última década es más que un interregno, porque se está intentando cambiar la hegemonía. En esa tarea, debemos involucrarnos todos y aportar nuestro granito de arena. Sacar algo de tiempo para participar en la lucha inflacionaria controlando precios. Es una acción EN DEFENSA PROPIA. Pero hace a la preservación de tu salario, de tu nivel de vi da y del futuro bienestar de tus hijos.

En la última nota del año pasado, humildemente, desde este blog propusimos lo que ayer el Jefe de Gabinete dijo que ya se estaba implementando, como es la información on-line desde el momento en que cada cliente efectúa la compra de manera de cotejar los precios facturados con los acordados. Yo había propuesto que todos los integrantes de la cadena facturen on-line y de esa forma se podía ver quien abusaba. Al haber “precios acordados” por los integrantes de la cadena, el control equivalente alcanza con  “cuidar” el valor de venta al usuario final.

Todo esto propiciará la REELECCIÓN DE CRISTINA. Despojada de ambiciones personales, la reelección de la Presidenta pasa por el hecho de que no se interrumpa el actual proceso y que el modelo nacional e inclusivo pueda ser continuado por el futuro presidente que surja a propuesta del FRENTE PARA LA VICTORIA. Porque Cristina es eso, la garantía de futuro expresada en el liderazgo excluyente que guiará la gestión del candidato del FRENTE PARA LA VICTORIA.

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<<< INFLACIÓN: ¿CULPA DE QUIÉN? <<<

“La culpa de la inflación es del gobierno”, es la respuesta rápida y hasta automática de cualquier opositor a quien se le pregunte. También será la respuesta generalizada. Obviamente, esto ha sido IMPUESTO por la construcción de sentido que hacen todos los medios hegemónicos y opositores y el mito se sustenta en que además, nadie o casi nadie se preocupa por intentar explicarlo.

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Lo primero que hay que decir es que la inflación no es culpa del gobierno, al menos que alguien haya visto legiones de funcionarios remarcando precios en los puntos de venta. Pero ¿a qué se debe que todo el mundo, responda el gobierno? Entonces, descubriremos una intensa madeja de intereses que intentan desviar la mirada para no identificar a los verdaderos responsables.

Luego de 8 años de un intenso crecimiento que expandió la economía a tasas cercanas al 9 por ciento anual, en Argentina comenzó a registrarse una marcada aceleración de los precios. Los representantes de la ortodoxia reaccionaron con rapidez y, hasta podría decirse, con una cuota de goce perverso. Para ellos la inflación obedece a tres determinantes:

1. La exagerada emisión monetaria.

2. El descontrolado crecimiento de la demanda agregada.

3. Los desmedidos aumentos salariales.

Este diagnóstico es el pretexto perfecto para agitar sus inoxidables banderas, aquellas que habían tenido que replegar discretamente después del estrepitoso fracaso de sus políticas durante los años ‘90. Sin siquiera tomarse la molestia de revisar sus viejas ideas luego de haber generado la más profunda crisis económica de la historia, los muertos–vivos del pensamiento ortodoxo regresan para repetir su decálogo de políticas antinflacionarias.

Antes que nada, por vocación monetarista, reclaman la restricción de la emisión de dinero y del crédito, junto con el aumento de la tasa de interés. Al mismo tiempo, exigen poner a raya el presuntamente descontrolado crecimiento de la economía, enfriando la actividad mediante la reducción del gasto público. Por último, exigen que el Estado controle la presunta causa de la inflación que más fastidio les provoca: los aumentos de salarios. En este punto, los propios liberales se olvidan de las supuestas virtudes del libre mercado y claman por un Estado activo en la represión salarial.

Entonces esta es la explicación ideologizada del neoliberalismo pero que lamentablemente, se encuentra extendida en vastos sectores de la población y eso explica que mucha gente siga identificando al gobierno como responsable y esto es algo que todos padecemos en nuestros debates en cualquier ámbito.

Y el hecho de que nadie esboce otra respuesta FORMA PARTE DE LA DESINFORMACIÓN inducida  porque desde los medios hegemónicos repican todo el tiempo con el tema sin señalar NUNCA a los responsables, solamente dicen que NO ES la que miente el INDEC y ciertamente, no es.

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LA DESINFORMACIÓN QUE NOS TOMAMOS CADA DÍA.

La década de los 90 y la canalla mentira del 1 a 1 desindustrializó el país dejando un tendal de desempleo. Cuando Néstor asume, había más desocupados que los votos que sacó. Sin embargo, se inició un proceso de re-industrialización que aparte de generar empleo debía paliar la consecuencia de estar atados a todo lo que venía de afuera para mantener el aparato productivo.

Un régimen de dólar competitivo para mantener rentables nuestras exportaciones en una economía abierta y en expansión enfrenta, por su naturaleza, serios problemas para lidiar con un escenario internacional signado por el aumento en los precios de los productos primarios. Aunque se encuentre deliberadamente ausente en los diagnósticos ortodoxos, es difícil pasar por alto el hecho de que el principal impulso inflacionario que hoy afecta a la economía argentina es de carácter importado.
En un contexto de incremento de los precios internacionales, este empuje externo se traduce primeramente en la economía local en una suba de los precios de los bienes transables respecto de los no-transables, es decir, en una modificación de precios relativos. Una de las especificidades de la economía argentina radica en que los bienes transables ocupan un lugar preponderante en la canasta de consumo de la clase trabajadora. En un marco de menor desempleo, esos aumentos son compensados mediante aumentos del salario nominal como única forma de defender el poder adquisitivo de las remuneraciones. De esta manera, el impulso inflacionario importado termina de transmitirse a la totalidad de los precios una vez que esos incrementos defensivos del salario nominal son trasladados a precios por los productores de bienes no transables, gracias a que estos productos no están sometidos a la competencia del mercado internacional.
En efecto, la desindustrialización tuvo otra consecuencia como ha sido una fenomenal CONCENTRACIÓN de empresas que producen los insumos básicos de la canasta familiar. Es así que ante el fenomenal estímulo de demanda agregada que aporta el gobierno nacional a través de la AUH, las jubilaciones y la apertura y funcionamiento de las 2500 paritarias, el sector empresario concentrado establece una puja distributiva, en tanto intenta apropiarse de esos recursos antes inexistentes a través del simple mecanismo del aumento de precios.

El siguiente cuadro muestra claramente al nivel de concentración de muchas marcas en pocos grupos productores de casi todo lo que consumimos.

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Una política antinflacionaria consiste en FOMENTAR la industrialización para que haya competencia nacional contra las empresas extranjeras concentradas de manera que no sean los únicos actores del mercado junto con una intervención mayor del estado que implique mayores inversiones para aumentar la oferta y no los precios.

Quizás luego de esta explicación sencilla haya podido explicar la complejidad del tema inflacionario que, repito, para no responsabilizar a quienes de verdad aumentan los precios, (con las empresas concentradas de comercialización incluidas), que son los principales avisadores de estos medios constructores de sentido, es decir, las empresas que les interesa el país que publicitan en los medios hegemónicos, éstos toman por el discurso de la anti política culpando al estado y enfocando en el gobierno TODA la RESPONSABILIDAD.

Entonces, ante la gran concentración de productores de bienes y productos de consumo masivo se le suma la concentración que se da de hecho en las cadenas comercializadoras que venden cerca del 75% del total.

En un reconocimiento al tema inflacionario, el gobierno ha empezado a tomar medidas para de alguna forma interceder en esa capacidad de los formadores de precios de subirlos a su antojo y ser ellos los que definan sus tasas de ganancia sin control de ningún tipo. De allí el acuerdo de precios firmado que esperemos dentro de poco se prorrogue a lapsos de tiempo más prolongados. Y que se cumpla. Los empresarios deberían tomar nota que eso es siempre preferible a desafiar al gobierno que en 10 años ya ha dado varias muestras de que cuando encara un tema, nunca retrocede y va hasta el fondo. Y el paso siguiente sería analizar la estructura de costos de las empresas, algo a lo que seguramente los empresarios no sean muy afectos.

Hoy se sabe que el 80% del total de los alimentos y productos de consumo masivo, incluido los de limpieza, son producidos por 24 empresas. Entiéndase bien y compréndase en su total magnitud: solamente 24 empresas alimentan y proveen productos de limpieza a los 40 millones de Argentinos. Si a eso le sumamos que alrededor del 60% de todos esos productos se comercializan en grandes cadenas de supermercados y que esas cadenas son sólo 4 entonces tenemos una idea cabal del altísimo grado de concentración oligopólica de la producción y comercialización de todo lo que consumimos y es allí donde y en quienes radica la RESPONSABILIDAD de los aumentos de precios.  Esto es lo que los grandes medios hacen esfuerzos ingentes por ocultar.

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El arreglo es, los medios no identifican ni cuestionan a los formadores de precios en tanto éstos aceptan las condiciones que le imponen las cadenas de comercialización que a su vez gastan fortunas en publicitar sus “ofertas” y “descuentos” en esos mismos medios que establecen e imponen la idea de quien tiene la culpa: Así toman el atajo de echarle la culpa de la  inflación al gobierno. Eso es mucho más fácil que culpar a sus avisadores.

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